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Semana Santa....El Jardín de Lucía

Llegamos a tierra Astur.
 Atravesar el Negrón tiene efectos narcóticos en mí. Entro en fase Rem. 
Asturias es mi bálsamo de heridas.

Es cierto que, lamentablemente esta Semana Santa la hemos tenido accidentada. Nada que no tenga arreglo, a Dios gracias. Nada que el amor no pueda superar. Nada. 
Las lágrimas que traen consigo la risa. El mal no merece, a penas, más.
El sol de la primavera nos baña, nos inunda, nos ha acariciado cada uno de los días que sobre esta amada tierra, que sobre este ancestral suelo, hemos pasado.

Carlos y Cristóbal aprovechando con mis padres a bañarse y darse paseos de sidra y gambón sobre las Conchas de Salinas y en la ensoñación que es Xagó.
Este Cantábrico mar nuestro que envuelve y nace a los asturianos.

Cristo al fondo de todas nuestras calles, con su sufrimiento, en nuestro nombre, derramándose en nosotros.
Cuando yo era niña, incluso en la adolescencia, la Semana Santa me producía no sé si miedo, respeto o lejanía.
Hoy me acerca, a través de los ojos de mi hijo, aún más -si cabe- a Dios.
Cristóbal habla a "Sususito" como si estuviera sentado en nuestra casa, (Y digo en sentido literal, porque estar, está). Y al fin, comprendo la frase Bíblica de Jesucristo.
Es connatural a él contarle hasta los "Ubus" (Sugus) que toma, o simplemente le pide perdón ante sus inocentes fechorías de infante en vuelo.
Nada mundano y absurdo, estúpido y material le alcanza. Esta es la pureza del Amor. Y la del Alma.

En la Pascua Astur, le vestí con esos ropajes de mi tierra amada, y de su mano me fuí a pasear, a desmenuzar como tantas veces sus empedradas calles, sus bucólicos soportales, su alma.
En mi memoria, en mi esencia, en mi alma, mi Abuelo, cuando orgulloso me llevaba vestida a mí en verdes y azabaches, en aquella míticas carrozas, que recorrían el Ayuntamiento avilesino desde una punta a otra.
Aquellas serpentinas, aquellos colores, aquellos caramelos con sabor de cielo, aquella vieja goxa....Y el vino....Y el bollo....
Aún percibo el olor de aquellos tiempos, con perfecta nitidez de infancia desperezada.

Hoy Rosana también está conmigo. Entonces lo estaba, vestida como yo....y con la misma distancia de estatura que aún nos separa.
No puedo explicar que reconfortante esencia me envuelve.
Es lo mismo....Y es tan diferente....

La noche que abandono las astures aguas, las luces de la Ría....me siento con ella sobre la plaza que siempre hemos llamado, del Dulcinea, en honor a un viejo café en el que pasamos gran parte de nuestra adolescencia.

Sobre el cielo avilesino, los fuegos, voladores coloristas sobre un cielo profundo en cúpulas de norte.

Sobre los ojos, la Iglesia recién restaurada, majestuosa y en esplendor de Los Padres. Entorno los ojos y veo a mi abuela subir cada peldaño de mi mano, con su minúsculo reclinatorio de terciopelo verde bordado....Que gran Dama. Dios mío. Que gran Dama.

Sobre el alma, esa cercanía en calma, de sosiego, de saber que estoy con quien yo quiero. Que me guarda, que sabe quien soy y que me espera. Ese olor familiar de alma en el Alma. Rosana.

Y sobre nuestra mesa....El Jardín de Lucía. Un albariño suave, delicado que envuelve esta pronosticada despedida, que me llevará de vuelta a los madriles en el sabor agridulce de la madrugada.

Y mi último beso, el que cierra la puerta de mi casa....Ese, ese es para Tata.



2 comentarios:

Lucía

Hola Patricia, que bonito escribes, me encanta leerte, gracias.

Patricia - La Siesta de Cristóbal

Pero Lucía, que alegría leerte otra vez.
Además de una "Artistaza" fantástica eres un Amor.
Gracias a ti. SIEMPRE.

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Gracias por venir.
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